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Un recorrido a pie por Chiclayo

Es cierto que se mejoran algunas pistas o se siembran jardines en contadas zonas de la ciudad. Sin embargo, basta recorrerla a pie para encontrar que antiguos problemas siguen sin resolverse: calles sucias en el día y más en las noches, esquinas sin señalizaciones ni semáforos, desagües que siguen colapsando, y asaltos que no dan tregua.

  |   Gerardo Carrillo   |   Diciembre 20, 2011  


Por Gerardo Carrillo


Chiclayo a pie es caminar, en diversas zonas, entre veredas rotas y pistas deterioradas, sin buzones ni señalizaciones, con esquinas que ruegan por un semáforo, con algunas construcciones paralizadas y viviendas antiguas al borde del desplome, con desagües que requieren mucho más que un curita o cualquier tipo de parche momentáneo.


Chiclayo a pie es observar por las noches incontables bolsas rotas de basura que nos recuerdan la ineptitud edil para organizar a los recicladores y definir un sistema que urge ser más efectivo. Propios y extraños reniegan de los desperdicios desperdigados que observan en sus caminatas nocturnas (en el día la suciedad también brilla como el sol). ¿Cuándo la ciudad gozará de estándares de limpieza acordes a una sociedad civilizada?


Chiclayo a pie es soportar la mierda que disparan los gallinazos dueños del centro de la ciudad, y que al parecer sólo el insensible olfato del alcalde no se percata. O quizás el perfume carroñero que los ciudadanos perciben en derredor del Parque Principal, sobre todo en la cuadra 5 de Elías Aguirre â€”calle histórica y una de las más transitadas—, ya le es familiar y hasta agradable.


Chiclayo a pie es atestiguar cómo las pocas manifestaciones del arte urbano â€”entiéndase grafitis— no encuentran ningún respaldo municipal y son desaparecidas de las paredes abandonadas de propiedades privadas.  Deberían asignarles algunos espacios aprovechables (la extensa pared lateral del hospital Las Mercedes, en María Izaga, podría ser un gran mural), o reemplazar a esas enormes frases ediles que han sido escritas en diversas fachadas de la ciudad. 


Chiclayo a pie es, como nunca en su historia, sortear a innumerables autos que forman largos gusanos de metal casi impasables, con ignorantes conductores sobre las reglas de tránsito o contaminación sonora. Algunos niños con los que he conversado brindan prácticas soluciones ambientales: más bicicletas, más patines, más skates, más zapatillas para correr y dar largas y saludables caminatas.  


Chiclayo a pie es observar, en fachadas y techos, cientos de cables instalados sin un mínimo criterio del orden y la armonía, que algún técnico "tercerizado" â€”y seguramente mal pagado— deja en nombre de las millonarias trasnacionales reinas de la comunicación. Son buenas para cobrar y arrasar las billeteras de los peruanos, al menos deberían preocuparse en no deslucir las casas de sus consumidores.


Chiclayo a pie es encontrar aún a la acequia Yortuque con desperdicios, bolsas, botellas y más basura. Tanto cuando está por desbordarse como cuando no tiene ni una gota. ¿Acaso no existe una autoridad competente para ejecutar un sistema efectivo de control de la basura y embellecer también el canal que ladea el famoso paseo Las Musas?  No sólo se necesita sembrar jardines â€”algo positivo que el municipio ejecuta hoy junto a la acequia—, se necesita mantener limpia la ciudad y conservar las zonas y calles que se están mejorando.


Chiclayo a pie es susurrarle a las estadísticas del famoso norte delincuencial, que una nueva víctima va a sus garras sumergida en su smartphone o mp3;  con canguro, cartera o mochila; antes o después del cajero, el banco o el agente. ¿Quién no conoce a alguien entre sus amigos y familiares que no haya sido asaltado? Y sabemos bien que en el Perú si esas garras no obtienen nada de valor, también pueden matar.

 

Foto: Violeta Ayasta.

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