Noticias

Nadie sabe para quién trabaja

En marzo de 2006, cuando trabajaba en Bagua para la Dirección Regional de Salud, el médico Edwin Cuyo sufre un accidente en una ambulancia al trasladar a unos pacientes. Sólo recibió alrededor de 15 mil soles para su rehabilitación. Luego, gracias a una gestión del gobierno regional de Lambayeque, obtiene un puesto en un centro de salud en Leonardo Ortiz. Pero Edwin perdió a su familia, sueños profesionales, la posibilidad de caminar y ahora espera una indemnización justa.

  |   Gerardo Carrillo   |   Diciembre 21, 2011  


Por Gerardo Carrillo


En la cuadra 1 de la calle Relatos, cerca al humilde y movido mercado del pueblo joven 9 de Octubre en Chiclayo, Edwin Cuyo y sus muletas me reciben para contarme un relato triste y modelo sobre la indiferencia del Estado y del Sistema que convierte a un joven médico, con familia y metas, en una pieza casi descartable. 


Edwin, jefe del Centro de Salud de Chiriaco, en el distrito de Imaza, salió el 31 de marzo de 2006 hacia el hospital de Bagua en una ambulancia con un recién nacido y su madre, además de un técnico de enfermería y el chofer. Según sus recuerdos, en el trayecto decide detener el vehículo debido a que la inestabilidad del camino incomodaba a los pacientes que iban en la parte trasera. Entonces decide que viajen en el asiento delantero junto al auxiliar porque allí irían más cómodos. Él se ubica en la parte trasera junto a un giro inesperado en su destino.


Más adelante la ambulancia se despista y él sufre las más duras consecuencias: sale expulsado por la puerta posterior y cae sobre unas piedras que finalmente lo invalidan. Aunque parezca alucinante los demás sólo sufren daños mínimos, nadie pierde la vida. La única desaparecida fue la ambulancia que increíblemente no tenía SOAT y fue tragada por el río Marañón. Los heridos nunca cobraron nada del seguro que debía tener el vehículo. Y Edwin era tan sólo “uno más” de esos “simples contratados” que no gozan de muchos derechos en este país.


“A Edwin Cuyo no le asiste ningún derecho porque tenía contrato por Servicios No Personales, pero a pesar de esa situación, de una manera excepcional los pagos para el galeno están en proceso administrativo”, declaró el director regional de Salud de Amazonas, Martín Clendenes Alvarado, el 21 de julio de 2006 a La República. Finalmente, solo le dieron 10 mil nuevos soles para gastos de la operación, 3500 para que lo trasladen a Lima por avión y 1600 del sueldo de marzo (su último sueldo y el cual no recibió completo porque el total era 1800). 


Al mes siguiente del accidente se debe topar con algo de verdad miserable, pero cotidiano en muchas empresas. El Ministerio de Salud, la institución que se supone vela por la salud de los peruanos le rescinde el contrato y lo deja solo en la búsqueda de recursos para solventar los gastos que le ocasionarán â€”de por vida— su nueva condición física.


Indiferencia inconcebible más aún porque se trataba de un médico que incluso se exponía a lugares hostiles en nombre del Ministerio de Salud, como cuando era parte de las Elites (Equipo Local Itinerante en Trabajo Extramural en Salud) y visitaba comunidades excluidas como la comunidad aguaruna y otras. En estas incursiones los peligros van desde animales e insectos letales, hasta pobladores temerosos que reaccionan por aquellos extraños que llegan â€”con mil esfuerzos— a curar sus cuerpos. Incluso rememora que en 2005 murieron cuatro integrantes en una misión a la comunidad nativa Tagkijap, cerca de la frontera con Ecuador. En esta zona fueron ajusticiados por comuneros ebrios, según detalla un comunicado de la ORPIAN (Organización Representativa de Pueblos Indígenas de la Amazonía Norte).


Resulta ilógico y vergonzoso un hecho en particular con respecto a estas Elites. En el tiempo que él perteneció estaban obligados a comprar un seguro particular para realizar sus peligrosos viajes. Aunque su accidente no fue cuando se adentró en la selva profunda, fue gracias a una aseguradora que obtuvo el principal financiamiento para afrontar los gastos de parte de su rehabilitación. ¿Y si no hubiera tenido un seguro?


Lo más lamentable es que ni el millón de soles que hoy le exige de indemnización al Estado para tratar su discapacidad por el resto de su vida, podrá devolverle a la mujer que se fue junto a su hijo menor cuando se conoció la dureza del diagnóstico. ¿Cuánto dinero reemplaza a una familia, a un hijo, a un caminar sin dificultad? Felizmente tuvo en su padre, madre y el resto de su familia un soporte para esos golpes tan fuertes, golpes como del odio de Dios. De esos que Edwin sí sabe.


Al año siguiente del accidente, cuando el caso fue difundido otra vez por los medios, el presidente regional de entonces y actual vicepresidente del Congreso, Yehude Simon, se acercó para apoyarlo. Así el 7 de junio de 2007 logró acceder a un puesto en el Centro de Salud Paul Harris de Nuevo San Lorenzo, en el distrito de José Leonardo Ortiz. En este lugar labora hasta la fecha. Y es ahí donde  —atendiendo a enfermos—  espera que la Corte Suprema de Justicia, en Lima, al fin resuelva y con justicia. 


El Estado ya ha respondido a su demanda en primera instancia y propone devolverle 50 mil nuevos soles por los gastos que ya realizó y darle 50 mil nuevos soles de indemnización por quedar inválido en acción social. ¿Es esto justo o risible? Él ha apelado, pero las causas de los que no son poderosos por lo general no son escuchadas. Es aquí cuando la presión de otros, la ciudadanía, es determinante.

 

Foto: Joy Paz.

Compartir en

Facebook   Twitter   WhatsApp

324 Vistas    

Comentarios

4 comentarios

Déjanos un comentario

Visita mas contenido

Da clic Aquí para que revise otras publicaciones sobre Noticias