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Gigantes de pesadilla: monstruos y robots en el cine fantástico

  |   César Vargas / Muchas pelí­culas   |   Agosto 07, 2013


Con la Segunda Guerra Mundial aumenta el miedo y la fascinación ante los niveles alcanzados por el desarrollo tecnológico. Los monstruos como representación permanente de los miedos internos del ser humano, seres antediluvianos que dejan de ser productos del azar y se suman al repertorio de negligencias humanas en su intento de dominar la naturaleza.

El género inicia en Japón en la década del cincuenta, pero tiene como curioso e involuntario antecedente al primer “King Kong” de Hollywood (1933, de Merian c. Cooper y Ernest B. Schoendsack) y a otros simios cercanos. Lejos del exotismo y más cercanos a un realismo tremebundo, las películas japonesas de monstruos, las kaiju, colocan a los monstruos como un peligro cercano, destruyendo edificios y matando personas. Hasta cierto punto las kaiju son películas de fantasmas. Los monstruos son espíritus de las víctimas de las guerras, inocentes que quieren regresar a una casa que ya no existe. Son seres asustadizos que al mismo tiempo asustan.

Con “Gojira” conocido después como Godzilla (1954, de Ishiro Honda) se inicia una larga descendencia de estas criaturas que amenazan la ‘reconstrucción’ de la nación japonesa. El discurso de estas películas es también político. Los ánimos del país se ven afectados por los temores y las sinrazones que sobreviven a los escombros y se manifiestan enormes y amenazantes, con escamas y mandíbulas de dientes filosos. Como respuesta a ellos, aparecen los gigantes artificiales, los robots colosales y poderosos que defenderán o, mejor dicho, intentarán reparar los errores de la especie humana. El gran aporte del sentai al cine de robots está en  dotar a las máquinas, literalmente, de humanidad en su interior. Pilotos especializados conducen a los gigantes de metal, les dan personalidad, los vuelven mortales y carismáticos.

Esta vertiente se vuelve muy popular en la televisión japonesa de los años sesenta y setenta. En décadas posteriores llega a Europa y América con el mismo éxito. El sentai que tiene como sus mejores exponentes a ‘Ultraman’, ‘Ultra 7’, ‘Flashman’, ‘Lineman’, y a parientes –o copias– desafortunadas en América como ‘Power Rangers’ y ‘VR Troopers’.

También en los años cincuenta en Estados Unidos, la ciencia ficción aún era asunto de pueblos pequeños y granjeros, aparecen las primeras invasiones a gran escala. Hormigas, grillos, gusanos, etc. llegan a la gran pantalla para atemorizar a la generación del ‘baby boom’ y provocar la alerta ante las consecuencias de la carrera armamentista y los ataques nucleares. Pero ante ello, en lugar de robots, se enfrenta el ejército o, en su defecto, el individuo pensante, el líder patriarcal que retorna a su estado primario donde importa la astucia para defenderse de las bestias gigantes.

El encuentro de ambos se produce por voluntad de los japoneses. “Gojira contra King Kong” (1962), de Ishiro Honda, es una rareza donde los dos gigantes emblemáticos se encuentran en la batalla decisiva y en la revancha –al menos ficticia– después del bombardeo nuclear. Ambos monstruos, sin embargo, se unirán para enfrentar un peligro mucho mayor. Así estos gigantes de material sintético demuestran su espíritu noble y su buena voluntad, que reaparece ahora con la suntuosidad de los efectos digitales y las creaturas de Guillermo del Toro y que seguramente permanecerán mucho más tiempo en las pantallas de cine.

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