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Indiana Jones y los cazadores del Arca Perdida

  |   César Vargas / Muchas pelí­culas   |   Septiembre 23, 2013


Hollywood durante la década de los ochenta establece un segundo periodo dorado de su producción cinematográfica. Mucho de ese mérito se debe a una generación joven de productores, directores, guionistas y técnicos que consiguen superar la crisis de los grandes estudios con creatividad y astucia.

Esta nueva generación, sin embargo, no rompe sus relaciones con el pasado sino que aprende de ella y presenta ante el mundo una versión mejorada o, mejor dicho, más adecuada a los nuevos públicos y las nuevas formas de ver cine.

Indiana Jones es el personaje emblema de esta década, la de los ochenta. Una figura que se recicla hasta el infinito, el ensamblaje de las películas de infancia de dos cinéfilos consumados, Steven Spielberg y George Lucas, que crean este personaje como un héroe mítico, tan terrenal como imbatible, le asignan una profesión –la de arqueólogo– y una vocación –la de aventurero– que lo lleva a recorrer el mundo siguiendo un legado casi milenario.

No es casualidad que la película se ambiente en los años treinta, con el temor de la amenaza de Adolfo Hitler y el ejército nazi. En ese periodo en Estados unidos abundan los héroes en las matinales de cine y en las revistas de quiosco, los mismos que conformarán el largo linaje del buen Indiana. Robin Hood, John Carter, Flash Gordon, Douglas Fairbanks, Humphrey Bogart, Spencer Tracy, y muchos otros más reales e imaginarios.

“Los cazadores del arca perdida” (1981) es el primer título de la saga de Indiana. Desde la primera secuencia está presente el homenaje. El arqueólogo Jones (Harrison Ford), látigo en mano da cuenta de un par de asesinos que lo atacan por la espalda. La escena, ocultando el rostro del personaje y mostrando sus manos que utiliza hábilmente para librarse de sus atacantes, recuerda la secuencia inicial de la primera película de James Bond. Como él, Jones combate a sus enemigos de turno. Con más astucia que tecnología, tiene que combatir al ejército nazi y las ambiciones de su líder por obtener el arca de la Alianza bíblica –que según la leyenda– otorga poderes sobrehumanos a su poseedor.

La trama de ahí en adelante es sencilla y contundente. Como espectadores estamos ante una gran aventura y lo que podemos hacer es disfrutarla como evocando un recuerdo y es que Indiana Jones es el arquetipo de un héroe de tiempos pasados, un anhelo de infancia que, curiosamente, marca la madurez de sus autores como dos de los realizadores más importantes de su generación.

Spielberg supera por mucho sus trabajos anteriores como director y demuestra su tenacidad para realizar una película donde la acción nunca se detiene, lo que conlleva a una planificación cuidadosa de los elementos técnicos. Además, cada escena es una evocación premeditada del Hollywood clásico. Para Lucas, el otro creador del personaje, la producción de esta película significaba superar las expectativas que había generado después de “Star Wars” (1977). Cabe destacar también a los guionistas Lawrence Kasdan y Philip Kauffman y al editor Michael Kahn en la conformación definitiva de Indiana Jones, de su historia y del espíritu de toda la película.

Simbólicamente, la saga de Indiana Jones abre y cierra los años ochenta. “Los cazadores del arca perdida” nos presenta al Jones aventurero temerario, mientras que “La última cruzada”, de 1989, cierra –temporalmente– con la historia, reuniéndolo con su padre y "condenándolo" a la vida eterna. Eternidad que le servirá para luchar contra las críticas de antropólogos, arqueólogos, historiadores y demás académicos que rechazan el personaje. Pero seguro que ello será mínimo a comparación del impacto mediático de un látigo, una casa de cuero y sombrero que rehúsa caerse.

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