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Chicama

  |   César Vargas / Muchas pelí­culas   |   Septiembre 28, 2013


“Chicama” (2012) es la tercera película escrita y dirigida por Omar Forero. A diferencia de sus dos títulos anteriores, “Los actores” (2006) y “El ordenador” (2012), aquí se manifiesta una preocupación que va más allá de lo íntimo y personal, que trasciende ello y se aventura a tratar temas de carácter social.

La película cuenta la historia de un profesor, César (José Sopan), que busca viajar a Trujillo para iniciar una nueva vida. Sus intenciones cambian cuando la única plaza de trabajo disponible en colegios nacionales está en un pueblo de la sierra de La Libertad. En esta breve trama es que se sostiene su estructura.

Hay una fragilidad permanente del paisaje, de los personajes y sus relaciones. El paisaje rural de la sierra liberteña luce abandonada pero apacible, esperanzadora en el rostro de cada poblador. Asimismo, José, sus amigos y los otros profesores del colegio se mantienen juntos –o al menos cercanos– por vínculos espontáneos y sinceros, pero de los que no tenemos mucha certeza de su durabilidad. Este es el mismo tipo de relaciones que surgen entre los profesores asignados a escuelas rurales, docentes que en muchas ocasiones van por temporadas y donde la deserción escolar es un hecho frecuente.

Pese a ello se ve el colegio como fuente de esperanzas de un futuro mejor. Los propios profesores protagonistas, César y Juana (Ana Paula Ganoza), encuentran en ese espacio un lugar para cumplir con sus ideales profesionales y personales. 

“Chicama” no apela al discurso grandilocuente, más bien lo evade. Es una película vivencial, presenta los testimonios sin sentimentalismos. En la propuesta de presentar actores no profesionales, sabe tener la sencillez como virtud, lo que importa es percibir lo que ocurre en el interior de los personajes, en su viaje interno –y externo con motivo de la migración– que realizan para encontrar su lugar en el mundo. El profesor César encuentra la felicidad no sólo en las playas del Trujillo de sus sueños, también los halla en el aula del colegio serrano donde ha sido asignado.

Sobre los personajes, llama la atención la forma en que son presentados. Los vemos siempre en planos abiertos, a la distancia, poco diferenciados el uno del otro. Los rostros de César y Juana sólo aparecen en primer plano cuando están en clases con sus alumnos. Sus personajes son reconocibles y reconocidos cuando se asumen como profesores en el aula, que también los posiciona en el pueblo.

La película de Omar Forero es un ejemplo de cómo se pueden hacer películas sencillas y de buena factura con recursos mínimos. Ello le permite concentrarse en sus planteamientos centrales sin irse por las ramas. Los propios sucesos se reducen, se ven postergados o inconclusos, los personajes se desarrollan en esa constante, viven frente a nosotros, nunca dejan de hacerlo.


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