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¡Cómo sopla el viento norte!

  |   Alfredo Vanini / Viento Norte   |   Mayo 19, 2014

 

Son usos y obligaciones de la cortesía inaugurar una columna agradeciendo y saludando a los invitantes. Por ello se me permitirá inclinarme ante la generosidad de Gerardo Carrillo y, extendidamente, ante Locheros, círculo de jóvenes entusiastas creadores literarios, por haberme invitado a tener una voz en la aventura siempre gratificante de formar parte de una revista cultural.

Tras este agradecimiento, quiero ante todo, a modo de una declaración de principios, aclarar mi misión desde esta modesta columna. Nací y vivo en Lima, por lo que la mía será una “mirada desde fuera”, posada sobre la labor cultural y literaria de Chiclayo. Pero no por ser de fuera será menos comprometida. Diría incluso que pretendo mirar desde dentro estando afuera, pues participo activamente, viajando cada vez con mayor frecuencia a esta ciudad norteña.

Desde Lima y desde hace varios años, tengo la oportunidad de conocer y seguir con interés creciente la constante y jovial labor de animación cultural que Gerardo Carrillo realiza en la “Ciudad de la amistad”. Conocida sobre todo por su gastronomía y por su valioso patrimonio arqueológico, Carrillo está otorgándole a su soleada ciudad una característica nueva: ciudad de las letras jóvenes. No parece ser un caso aislado sin embargo. Y es que las provincias del norte peruano se están construyendo culturalmente, y cada vez con mayor eficacia, sin importarles la indiferencia y el ignorante desprecio de una capital, Lima, cuyo medio cultural, salvo raras excepciones, no sabe más que contemplarse el ombligo: círculos de estudios sociales en la universidad “Pedro Ruiz Gallo” de Lambayeque,  gran actividad de creación en arte contemporáneo en Trujillo, feria de libro y auge de poetas en Chimbote y colectivos literarios que fundan revistas como la que tienen en sus manos en Chiclayo.

Pero mucho más: hace un año, en mayo del 2013, se organizó un llamado “Orgasmo de mayo” en un acogedor local, evento organizado por los Locheros y sus aliados (Ciclón de poesía, Ediciones Prometeo, etc.) y al cual tuve el enorme privilegio de ser invitado. En dicho local, una suerte de bar cultural esa noche abarrotado de un público conformado sobre todo por gente joven, se leyeron las creaciones literarias de los hijos más dilectos de Chiclayo, que no son pocos.

Claudia Incháustegui, joven periodista y poeta que en sus versos expresa, con tensiones, su pertenencia ineluctable a su ciudad: “(Chiclayo) Es un pueblo/ de arte escondido/ de magia olvidada/ de azotes y grilletes/ de furia ensombrecida/ por una falsa risa.”. Miriam Neira, quien recurre a la tecnología (podcast) para sus poemas y prosas eróticas. Peggy Ventura, Paola Cabrera, Jorge Fernández Espino y el propio Gerardo Carrillo conforman esta pléyade de infatigables aventureros de la palabra. También está el cuajado –no tanto por su edad, que no es muy viejo, sino a causa de su prestigio y calidad literaria– poeta Stanley Vega, muy querido en Lima pues nos visita regularmente.

Una particularidad de La Comunidad del Loche la constituye el culto por la literatura de tipo erótica: celebrar a Eros sobre Thanatos significa una actitud a la vez de desafío personal y social, una exigencia de convicciones fuertes. Quizás a causa de su clima tórrido o quizás a causa de su antiguo desdén por todo tipo de cortesanías y doble raseros morales (o más bien moralistas), en oposición a la pacata Lima, chicas y chicos en Chiclayo celebran el cuerpo, la vitalidad sexual, y llenan de imaginación los placeres del amor físico. ¡Y además lo hacen con una destreza estilística que busca los pasos de los mejores prosistas del género!

La Comunidad del Loche mantiene viva toda una tradición cultural que Chiclayo ha cultivado desde siempre en sus letras. Basta solo recordar nombres como los de Enrique López Albújar, Nicanor de la Fuente “Nixa”, Juan José Lora y, más cercanos en el tiempo, Juan Ramírez Ruiz, quienes ya forman parte de la historia cultural del Perú. La comunidad del Loche se inserta en esta tradición pero la renueva con nuevos vientos, y por su incursión en el campo de Venus y de Eros.

Con la aparición de esta revista (encuéntrala en quioscos), feliz resultado de la acumulación de energía cohesionadora que Gerardo Carrillo y sus compañeros han sabido crear y dirigir con vehemencia, La Comunidad del Loche concluye una parte de lo andado e inicia un nuevo camino, menos solitario, más colectivo, instalando a Chiclayo y su producción literaria joven bajo una luz similar a la claridad de su sol de abril.

Buenos vientos soplan desde el norte.

 

 

Foto del artículo: Mirian Neira (Push), Alfredo Vanini y Claudia Incháustegui (Esquina de una niña mala) en el evento literario Orgasmo de mayo (2013). La imagen pertenece a Olga Elizabeth Escurra.

Ilustración del blog: serigrafía sobre papel de Fernando 'Coco' Bedoya.

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