CULTURA

Entrevistas a poetas lambayecanos: Ernesto Zumarán

En las reuniones formales e informales de poetas circula una afirmación casi inevitable: Zumarán es el poeta más importante de Lambayeque. El vate ha sido finalista del Premio Copé de Poesía 2005. Hace poco publicó Los templos ausentes.

Balotario de almas   |   Gerardo Carrillo   |   Julio 08, 2011

¿Qué es la poesía?

Siempre he pensado que el poeta es el que menos puede conceptualizar o definir la poesía, porque éste sólo puede  transitar el mundo a través de poderosas intuiciones, echando mano a su imaginación en el mundo de los sentidos. Para definir la poesía hay que recurrir, pues, a las abstracciones, que es el mundo de los filósofos y de los críticos, si se quiere (criticismo estético). Además sospecho que la poesía es como el amor o la vida, es decir, indefinible. Se vive, se ama y se escribe poesía. Nada más.



¿Quién es un poeta?

El poeta es un ser humano que lo entrega todo por la poesía. Sabe que sin esa entrega total su misión no llegará a encender la mínima chispa de su espíritu. En ese sentido, comparto la visión romántica de Hölderlin en cuanto a la misión del poeta: tener el corazón puro como un niño, para de esta manera, en medio de la tempestad, coger el celeste rayo de los dioses y entregárselo a la gente transmutado en lingotes de oro. Entonces, la vida del poeta es un sacrificio en el sentido de que toda poesía pertenece a la fatalidad. Porque nadie sale ileso de tremenda misión. Servir de puente entre el cielo y la tierra termina aniquilando a ese ser que se atrevió dar la cara limpia al abismo insondable de la vida. Todo poeta auténtico es una tragedia.


¿Quién eres tú?

Todavía no lo sé. Pero trato de descubrirlo en cada poema que escribo. Cada mañana, al despertar, me encuentro sorpresivamente conmigo, y puedo dar testimonio que dicha experiencia es al mismo tiempo el flujo y reflujo de una descarga infinita, como el sonsonete de un vuelo que nadie agita.


¿En qué momento del día prefieres escribir?

Escribo por las mañanas porque no soporto hacerlo por las noches. Las noches para mí son tan blancas que no tienen comparación con las mañanas. Sologuren escribió una vez que: El día separa / La noche une. Una extraña contradicción me une a estos versos. 


¿Cómo describirías a tu poesía?

Estoy dentro de una perspectiva que de alguna manera  me impide  ensayar una crítica, o descripción como le llamas tú. No obstante, puedo decir que mi poesía  se aferra en todo momento  a un evento romántico, porque, en efecto, para mí, la vida sin un ideal romántico no puede ser vivida. En su estructura, puede  ser un poco clásica, pero definitivamente mis poemas luchan por ver crecer sus propias alas, alzar el vuelo, arder sin misericordia ante el Sol.


¿Qué es lo que más sueles observar?

La estupidez humana es inevitable ser observada. Por todos lados, vemos la inautenticidad como prueba mayor de aquella. Todo se ha vuelto competitivo, hasta  el propio arte. El otro día leí  un opúsculo  que me obsequió el poeta trujillano David Novoa, escrito por él mismo, donde dice: “Cuál sería el símbolo de una ciudad que  durante siglos ha evitado mirarse a sí misma y que sólo ha ido, como el resto del país, enfrascándose en nuevos problemas sin haber resuelto los antiguos”.  Como es obvio, se refiere al escapismo y maquillaje de muchos intelectuales ante el Gran Problema actual que nos aqueja: la absoluta indiferencia ante la muerte palpable de nuestro Planeta, en complicidad con la parafernalia capitalista. Claro, hay muchos que quieren escribir el Poema, pero también se trata de vivir poéticamente con el propio cuerpo y con el alma, como lo predica ese Gran Poeta que es mi amigo Novoa.


¿En qué piensas constantemente?

Pienso en lo que acabo de comentar: la problemática del hombre actual en relación con la naturaleza y la sociedad. Muchos viven y piensan en función del llamado Fin de la Historia, al cual le dan diferentes connotaciones, algunas antojadizas, otras con algún  ribete científico. Pero, las más de las veces,  es asumida con cierta cobardía ante los problemas actuales del hombres, con mucha dejadez e indiferencia, asumiendo en su propio cuerpo un final que está muy lejos de serlo por más cerca que esté. Esto es muy doloroso para la raza humana y para el planeta.


¿A qué le temes? ¿Le temes a la muerte?

El temor a la muerte es un paso más que nos permite superarla. Sin ese temor, es imposible dejar de temerle, por paradójico que parezca. En ese contexto, la muerte se parece mucho al sexo. Ambos son el símbolo más perfecto del inicio y fin del hombre. Por el sexo venimos, por la muerte nos vamos. Por consiguiente, ambos deben traslucir un sentimiento religioso que nos acerque más a la vida y no al mero juego mecánico de las cosas. Por eso, debemos recuperar  lo que el sexo tiene de erótico y sagrado, lo que la muerte tiene de tránsito y eterno, y dejar que la cotidianeidad pulse sus propios caireles en nuestros frágiles sentidos.


¿Crees en Dios o en alguna fuerza superior creadora?

Creo en lo divino que se manifiesta en todo ser viviente. No creo en un Dios que juzga y demuele los huesos con el castigo y la miel de una moral envilecida. Para mí, la poesía  es lo que el evangelio para el sacerdote. A Través de la poesía puedo hallar mi salvación diaria. Sin ella, nada tendría sentido para mí. He sido salvado de la soledad por esa sutil ramera de los mil demonios. Entonces, no hay razón alguna para temerle a la muerte. 

“No te envanezcas, Muerte,  aunque te llame alguno poderosa y temible, pues, no eres tales cosas; aquellos que tú crees abatidos no mueren, pobre Muerte; ni a mí puedes matarme”, escribía John Donne.


¿Crees en la resurrección, la reencarnación o en cualquier otra forma de continuar tu existencia después de esta vida?

Me preocupa la resurrección de nuestro planeta, en esta vida, nada más.


¿Quiénes son tus influencias?

Creo que, de algún modo, está en mí Luis Cernuda, con su estilo clásico. Y tantos otros que no sabría discernir porque mi sangre está revuelta.


¿Quiénes son tus escritores y filósofos favoritos?

De filósofos, sólo Nieztsche, porque más que filósofo es  un poeta. Y también Cioran, porque debe haber sufrido mucho al negarlo todo creyendo en todo.


¿Y a quiénes prefieres en música, cine, pintura u otra arte?

En música, definitivamente Mozart, Vivaldi y  Tchaikoosky. En cine,  Scorsese y un japonés, que es muy bueno, pero no recuerdo como se llama. En pintura, Salvador Dalí, y ese gran monstruo que fue Van Goht.


¿A quiénes lees actualmente?

Siempre leo a Mario Vargas Llosa, porque es un Maestro. Releo mucho a Sábato, Córtazar, Borges y Hermann Hesse. En poesía, Octavio Paz. Rilke, Cernuda y Hölderlin, y todos los poetas románticos, metafísicos ingleses. Vallejo es inevitable.


¿A quiénes relees?

Los que he mencionado.


¿Quiénes son los mejores poetas y escritores en la historia de Lambayeque?

Cada uno de los escritores tiene una grandeza insuperable. Eso me alegra enormemente, porque en ellos uno refleja su propia grandeza.


¿Cuál es el nivel actual de la poesía local? 

Lambayeque siempre ha tenido un buen nivel poético, aunque a veces se diga lo contrario. Ha habido, es cierto,  períodos de incertidumbre, pero sin esos períodos no existiría tampoco un final feliz, una poesía de fulgor luminiscente. En particular, la poesía que hacen los jóvenes de ahora es muy buena. Allí Los Signos, entre otros y otras.


¿Qué opinas sobre la actividad cultural en Lambayeque?

No podría opinar de cerca porque no participo de ella. Pero sé, por alguna información adicional, que es profusa e importante. Sé también que existen muchos egoísmos que impiden que algunos grupos que están trabajando crezcan como debe ser. 


¿Te identificas o coincides con las ideas de algún político o partido?

Con ninguno.


¿Crees que el poeta debe permanecer en su acción creadora o participar también ante los problemas de su sociedad?

Aunque el poeta no lo quiera, siempre participa en la sociedad. Ya sea con su acción o su omisión, está interactuando con lo social. Desde esa perspectiva, el poeta  asume una posición insoslayable que nace con, desde y hacia el poema.

 

 *Las respuestas de todos los poetas, tanto los que viven en Lambayeque, Lima o en el extranjero, son entregadas por escrito, vía correo electrónico.

 

Un poema de Ernesto


La última elegía

(Elogio de la simiente)


1

Yo caminaba entre las flores,

y veía morir  el espacio

en el cielo que funda la memoria.

Veía morir todo:

El paso del hombre sobre la acera verde

de la angustia;

el beso del cuerpo que había olvidado

la oscura penetración de lo vivido,

el clásico rumor de las auroras

sobre el nunca revelado secreto

que la palabra esconde en su sombra.

La guerra me decía que esto recién

empezaba.

Yo caminaba entre las flores,

y veía  como el suave siseo de las olas

fundaba el mito de la ternura enajenada;

contemplaba absorto el último fulgor

de los cuerpos que desprecian el canto

del día que se alimenta de aventuras;

preveía  el silencio como una luz fosforescente.

Más allá de la montaña yo veía la muerte

del fuego purificado,

el aliento de un enigma despertando su epopeya

hacia el viento que negaba

el amor de la carne por el tiempo, 

ese decurso infinito que imita la noche

cuando se nombra  en el silencio.

Sobre  las  musgosas cornisas la lluvia

lavaba las simientes ensangrentadas

de una tierna edad que florecía;

el desierto revelaba al fin su  poderío

en las grises osamentas que día antes

el beso olvidaba entre las tumbas.

Yo veía caminar a los muertos entre

las flores,

veía a los poetas  sentados a la vera del camino

con el corazón lleno de miedo

ventilando en la floresta

la angustia de un tiempo adormecido 

en la deshora;

veía  niños charlando  bajo las cloacas

de las nubes,  viejas engullendo cenizas

con las manos atadas al perfil ignoto

de una antigua escritura, rezando

abismos sobre la alegre visión de un ciego

que decía haber visto todo lo vivido

en el resplandor de una última elegía.

Veía el mundo rodar entre los muslos

de una Mujer cuya pena nadie entendía,

porque solo era el sueño de otro sueño

que clamaba para sí  una palabra

donde todo fuera perfecto

como la muerte en los umbrales.

Mi casa era como cualquier casa:

Un techo de dos aguas y un río pequeñito

que atravesaba  el patio y sus jardines.

En el jardín habitaban los silencios

de las estatuas que escribían poemas

en el tronco de los árboles.

Yo caminaba entre las flores,

y veía cómo nacía el alba

tras las oscuras montañas.

Por el sendero de esas montañas

cantaban jóvenes barbudos  hendiendo el aire

con el tierno perfil de sus anhelos.

 

Ernesto Zumarán (Chiclayo, 1969)

Perteneció al círculo literario Argos. Ha escrito los poemarios Todavía el paraíso, De prófugos yl vigilias, Las ciudades sin nombre (poemas en prosa) y Libro del umbral. En narrativa, el libro de cuentos Ninguna historia que contar y la novela corta Las últimas tinieblas. Miembro fundador de la revista de literatura, idea y sociedad Entera voz. Ha obtenido los siguientes premios: Primer Puesto en los II Juegos Florales Universitarios, otorgado por la Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo; Mención Honrosa en el VIII Concurso Poeta Joven del Perú (1995); Finalista del Premio Copé de Poesía 2005; Segundo Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía Javier Heraud (2009), organizado por la Fundación Yacana.

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