CULTURA
Entrevistas a poetas lambayecanos: Rosakebia Estela
Es una poeta joven que ha logrado varios premios nacionales e internacionales en los dos últimos años. Cree que se puede escribir a ojos cerrados, pero no se debe hacer una poesÃa ciega.

Balotario de almas | Gerardo Carrillo | Diciembre 26, 2011
¿Qué es la poesÃa?
Para mÃ, es el intento humano o sobrehumano, el intento casi siniestro de querer quedarse, el intervalo entre el tiempo y el no tiempo. El espacio entre el vientre peludo de la araña y su rutina de araña descubierta, dicho de otro modo, la araña tejiendo su interminable red de conspiraciones y asombros, todo esto con el único afán de vivirse.
¿Quién es un poeta?
Poeta, todo aquel que escribe por decisión voluntaria consciente o inconsciente, a manera de aprendizaje, de autocastigo, de autocompasión, para salvarse, para salvar o por simple vanagloria personal. El poeta deja que beban de su sangre y coman de su carne todos los necesiten de él, digamos que esto lo hacemos todos en el dÃa a dÃa, en el noche a noche, sin embargo, el poeta puede incursionar en la autofagia.
¿Quién eres tú?
Para mis conocidos soy alguien, soy nadie para desconocidos, soy todos en el supuesto que yo fuera la única habitante de algún planeta lejano. Casi siempre soy alguien para alguien, a solas la mayorÃa de veces soy invisible. Sin embargo, creo que escribir es el conjuro que arruina la invisibilidad, porque sobrepone tiempo y espacio, sujeto y objeto.
¿En qué momento del dÃa prefieres escribir?
A LA HORA DE LA ESTRELLA. Antes de conocer que ésta era mi hora de escritura, la división del dÃa era mañana, tarde y noche. La Hora de La Estrella, es el momento de renuncia al transcurrir lentamente entre relojes, la unidad de medida es el espejo, llamase en otras circunstancias, espÃritu.
¿Cómo describirÃas a tu poesÃa?
Mi poesÃa es como un mercado, un constante ir y venir de hallazgos probables o inesperados. Hay dÃas terribles, el mercado desolado con sus juguitos de fresa rodeados de moscas. No lo niego, hay dÃas terribles que no son ni buenos ni malos, el mercado lleno de gente, gente llena de sà misma, que no tiene miedo a decir buenos dÃas o hasta luego.
¿Qué es lo que más sueles observar?
Mis manos, son lo más próximo a mÃ, me acarician cuando lo necesito. Por otro lado, las observo mucho porque las tengo mal pegadas, nacen de antebrazos torcidos y prematuros. Creo que mis manos fueron, son y serán mi primer y último contacto con el mundo. Los ojos no me bastan, una ceguera me persigue todos los dÃas, como si yo hubiera nacido de la sombra de un árbol torcido.
¿En qué piensas constantemente?
Pienso en que estoy pensando, también pienso que como cuando estoy comiendo, esta situación es una reacción en cadena, casi alérgica. Piense que está pensando y quizá como yo se coma un caramelo de limón para mejorar el dÃa, otro caramelo de limón antes de dormir, asà hasta la eternidad.
¿A qué le temes? ¿Le temes a la muerte?
Le temo a algunas palabras, asumo que esto sucede con otros. Por mi parte, saldrÃa corriendo si escucho esto o aquello. Le temo a la palabra muerte, me provoca náuseas en las más remotas situaciones y acepciones. Cuando escribo “Muerte†en algunos de mis poemas, cierro los ojos.
¿Crees en Dios o en alguna fuerza superior creadora?
Creo en una fuerza superior creadora, por ejemplo, la lucidez, el delirio, la esperanza, el horror son personajes bÃblicos que optan diversos nombres en las civilizaciones y suelen cambiar de apariencia con el tiempo.
¿Crees en la resurrección, la reencarnación o en cualquier otra forma de continuar tu existencia después de esta vida?
Creo en la resurrección de los vivos y que los vivos resucitan a otros vivos a manera de agradecimiento. Quizás exista una vida antes y otra después de esta vida. En lo personal, he reconocido seres y circunstancias.
¿Quiénes son tus influencias?
Aquellos personajes que a lo ancho y largo del mundo, protegen la vida y aprenden a vivirla, como dirÃa Camus, la bonheur. Definitivamente aprendemos a ser seres humanos.
¿Quiénes son tus escritores y filósofos favoritos?
Mis escritores favoritos son los que no escriben. Por otro lado, proporcionar una lista de escritores y filósofos serÃa divagar por aguas ignotas, cito entre mezclando pensamientos ajenos con los mÃos. Escritores y filósofos favoritos, quienes sean capaces de hacerme sonreÃr con su ingenio y calidez humana.
¿Y a quiénes prefieres en música, cine, pintura u otra arte?
No creo que sea necesario responder esto, serÃa hablar tantas veces de lo mismo, como golpearse el pecho en misa de cien dÃas, prefiero promover que se haga cine, música, pintura o cualquier manifestación artÃstica o cientÃfica.
¿A quiénes lees actualmente?
A Silvana, a Patricia, a Ana LucÃa me escriben cartas con frecuencia. Yo leo las cartas, el mismo dÃa que me las envÃan, la expresión de mi rostro ya no es la de una desahuciada, sin embargo, mi respuesta es a largo plazo, deberÃa firmar dejando un abrazo y un infinito camino de hormigas. Un camino de hormigas para que se distraigan mientras esperan mis letras, ellas saben que yo también espero mis letras.
¿A quiénes relees?
A los escritores, filósofos, libres pensadores, vivos o muertos que amortiguan la trayectoria desde el pozo a mi cama, aunque la mayorÃa de veces el pozo y la cama son puntos de partida y no de llegada. Releo a aquellos que animan mi fiesta de disfraces y el juego de palabras. En una cita con el dentista releo frases de Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo, Fernando Pessoa, César Vallejo, por citar algunos nombres, como un ciego que escoge el color de sus calcetines. En el fondo siempre hay un fondo, por ello releo.
¿Quiénes son los mejores poetas y escritores en la historia de Lambayeque?
Como dirÃa Rafael Pérez Estrada, los mejores poetas y escritores en la historia, son los poetas no nacidos y los poemas no escritos aún, porque ellos estarán más cerca de la verdad que busco.
¿Cuál es el nivel actual de la poesÃa local?
Vivimos una etapa de reconocimiento, creo que esto mismo sucede con la poesÃa latinoamericana, como todo escritor estamos en constante búsqueda de identidad.
¿Qué opinas sobre la actividad cultural en Lambayeque?
Está en orden creciente, es todo un honor, sentir el calor de hoguera de la integración de generaciones, que permiten que la cultura que se descubra a sà misma y se rebele contra sÃ.
¿Te identificas o coincides con las ideas de algún polÃtico o partido?
Por ahora con ninguno. Sin embargo, tengo grandes sueños de base sólida cuando pienso en Latinoamérica. Siempre opto y optaré por aquella polÃtica que respete la vida e integridad del ambiente.
¿Crees que el poeta debe permanecer en su acción creadora o participar también ante los problemas de su sociedad?
Un poeta fluctúa como cualquier otra persona, entre la misantropÃa y el amor por la vida en términos generales. Se puede escribir a ojos cerrados, pero no se debe hacer una poesÃa ciega.
***
La carroza de la muerte
con un pañuelo rojo atado a una de sus esquinas.
Lo rutinario y lo extraordinario
tienen un mismo pabellón de emergencias, los ojos.
Debo dejar la peste debajo de los zapatos.
No hubo beso sino lisura.
Hubo nadie y falsos simulacros.
¿Cómo decir mi nombre?
¿Cómo se dice estoy sola?
Esta vez no.
No hay misa que me obligue a la vigilia.
Estoy harta de traducirme del español al español
de ensayar las voces.
***
Debajo de las piedras.
Cuenta tres pasos y a la derecha.
Acércate un poquito que ya ni ladro.
Aquà adentro.
Debajo de las palabras
hay muchos barcos
cada uno con alguna parte mÃa
llevándome.
Difamo mi propia tumba.
Cuanta certeza de no estar aquÃ.
En el fondo siempre hay un fondo.
***
La nada es pronombre personal.
Estoy anciana de lo mismo:
ganamos un almuerzo, perdemos el bus,
se terminaron las servilletas.
Las mangas de la camisa están amarillas.
Regresamos al Zoo.
Nos buscan raÃces en los talones,
el médico internista nos hace sacar la lengua,
se transforma en un oso gigante,
modula su voz de oso fumador
y nos pregunta: ¿Qué te duele?
Como si fuera posible decir que
nos duele con tanto dolor.
Como para saber qué me duele,
se rasca la oreja, se come mi historia clÃnica.
Necesita practicarme una endoscopÃa,
me da la orden estricta de no consumir sopa caliente.
A mi abuela que lo mira tanto,
le recomienda amputarse
el dedo extra que tiene de nacimiento.
La abuela se rÃe y el médico internista deja de ser oso.
Por mi parte, me dejaré las uñas largas,
los bolsillos llenos de caimanes.
Aceptaré el café con leche, la soga en el cuello.
***
El origen de la palabra mar es algo monstruoso, lo mismo para las demás palabras. Adán debió maldecirlo por desconocer lo qué era. Sin saber que maldecÃa o que maldecÃa el mar. ¡Entonces el mar era una calabaza grande y gorda! ¡Entonces Adán no podÃa salir a navegar en su barco que era una fresa! ¡No podÃa ir de pesca con su red que era un zapato! ¡No podÃa hacer el amor delante del mar, en su cama que era un erizo! Hasta que lo golpeó en la cabeza una calabaza de las actuales.
***
Digamos que éste es el mar y nadie lo ve.
Esta silla sacude su aleta dorsal y se extingue.
No hay mar. Qué puerto triste sin tu mar
sin tus olas que golpeen fuerte y duelan.
Ya no quedan banderitas de humo.
Toda la noche en la noche sola.
He llorado toda la noche en otro sexo.
Brújula sin hechizo. El conejo blanco
murió asfixiado en el sombrero de la maga.
No sé hacia dónde partieron los barcos
con toda mi sangre.
Pero por piedad, quédate irreal en el puerto.
Golpéame el pecho con tu mar invisible.
Devuélveme el delirio de las caracolas.
Rosakebia Estela (Chiclayo, 1990)
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