CULTURA

¿Más cultura con impuntualidad?

La columna del director   |   Gerardo Carrillo   |   Agosto 01, 2013

Los que asistimos a los eventos culturales que organizan en Chiclayo las diferentes asociaciones y gestores (entre las que figura también Locheros), podemos asegurar con alegría que nuestra ciudad crece en este sector con una excelente respuesta del público, a pesar de que aún existen algunos detalles por corregir tanto en la organización, en el público y en el desarrollo de los espectáculos.

Los ciclones de poesía en el restobar Crustáceo Cascarudo, la noche del loche en Mr. Rock, los nuevos viernes culturales en la Alianza Francesa de Chiclayo, los ciclos en el Cineclub de Lambayeque, las noches de canto lírico que se realizaron hace poco en el ICPNA, los constantes recitales en O Sole Mio!, las exposiciones en el Palacio Municipal y en la más conocida como Casa de la Cultura (que ha mutado nombre de INC a DRC a DDC), son algunos ejemplos de este crecimiento no solo en la producción sino también en la asistencia. 

Lo que sí falta corregir, con urgencia y con mucha perseverancia, es la puntualidad del público chiclayano y eliminar la famosa y terrible “hora peruana”. Lamentablemente, y aunque varios eventos concluyen con la asistencia al tope, casi todas las actividades han comenzado y comienzan con 10, 15 y hasta más de 30 minutos de retraso debido al poco público que llega a la hora programada, quienes junto a los artistas deben tolerar la tardanza de la mayoría, costumbre histórica y negativa en nuestra sociedad que según varios gestores culturales costará mucho tiempo y esfuerzos cambiar.

“Esto es algo que observamos desde que iniciamos el ciclón de poesía, la gente no llega a la hora programada, eso perjudica al programa del evento y genera a veces algunos problemas a los organizadores”, me comentó hace un tiempo Juan José Soto, coordinador del Ciclón de poesía, de la AgendaCix.com y de La fiesta del diantre, el más importante festival de poesía en Lambayeque.

Y en realidad sí es muy difícil combatir la impuntualidad porque la mayoría de artistas se niegan a comenzar a leer, recitar, interpretar, actuar, tocar, revelar sus miserias y grandezas frente a una sala casi vacía (salvo algunos artistas que sí comenzarían con un solo espectador). En definitiva es más motivador para un artista que decide enfrentar un escenario, hacerlo frente ante un auditorio lleno.

Lo lamentable es que también la impuntualidad de los asistentes, las modificaciones en el programa, incluso provocan desavenencias entre los artistas y los organizadores, alteran el ánimo y la atmósfera del lugar. Molestias que pueden fácilmente no originarse si el público llega a la hora fijada (sin la necesidad de escribir en negritas y entre paréntesis HORA EXACTA). 

 

Foto: Olga Elizabeth Escurra.

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