CULTURA

Gocta, la sirena del Amazonas

Naturaleza viva   |   Llenkitrek   |   Marzo 25, 2015

Durante nuestros viajes hemos escuchado decir que no es bueno ir a Amazonas en épocas de lluvia, pero ¿cómo no viajar cuando la lluvia baña los bosques dejando caídas de agua que rugen como un jaguar en el corazón de la montaña? Allí, donde la naturaleza viva espera esa mirada que la contemple en una charla muy íntima desde adentro del ser, allí, frente a la catarata Gocta, la sirena de la Amazonía.

Nuestro viaje empieza en el terminal Tepsa Nor Oriente, en Chiclayo, en donde se reúne el equipo de LlenkiTrek. Cada viajero lleva su propio equipo personal, aventurándose a cambiar una selva de ruido por una selva de verdad.

Partimos a las 9 de la noche, el recorrido dura 11 horas y al amanecer, antes de llegar a Chachapoyas, se pueden apreciar paisajes coloridos que parecen sacados de cuentos de hadas. Es en ese momento cuando cada uno comienza a experimentar su propia  aventura.

Al llegar al distrito de Pedro Ruiz, nos esperaba un desayuno compuesto de tamales en hojas de vijau con café del lugar y una charla entre sonrisas.

Ahí nos esperaba Gaby y un compañero en dos mototaxis para seguir rumbo a Cocachimba, una comunidad entre montañas y caídas de agua desde la cual partiremos a Gocta.

Una vez en Cocachimba, pudimos conocer a un guardabosque, don Julio, quien nos hizo saber desde el principio la importancia de proteger esta comunidad y lo orgullosos que se sienten los pobladores de contar con el recurso hídrico de Gocta y es que, además de tener una altura de 771 metros y una caída imponente, al ser la  tercera catarata más alta del mundo alberga un ecosistema de montañas amazónicas, donde se forma el páramo y neblina que confabulan para brindar un espectáculo inolvidable a la vista de quienes la visitan.

Ni bien iniciamos la excursión de trekking, el cielo se comenzó a transformar como dándonos la bienvenida al corazón de la selva de montaña. Así se quedó por mucho tiempo, poniéndole más color al panorama con espacios abiertos, nubes, montañas y esos momentos de paz que buscamos cuando contemplamos la naturaleza.

Nuestra primera parada la hicimos en unas chulpas de piedras conservadas por el tiempo, desde las cuales pudimos observar la catarata Gocta, mientras las nubes pasan al compás del sonido del río que vamos bordeando.

Seguimos caminando y encontramos hongos, orquídeas, loros de cabeza roja, insectos como mantis, tarántulas pequeñas, escarlatitas y conchas petrificadas. Es como si la montaña nos hiciese un regalo a quienes caminamos con el corazón, quizá para hacernos recordar que estamos en un espacio de libertad y de fuerza que debemos respetar.

Luego de cinco horas de caminata, allí estaba la sirena del Amazonas, frente a nosotros, tal como la imaginamos y mejor de lo que habíamos visto en fotos y video. Rugía como un jaguar y se desplazaba como un velo de nubes, mientras ella le pedía al viento que nos dé la bienvenida rociando nuestras cabezas con un poco de su bendita agua.

Nuestros corazones no podían más. Nuestros ojos brillaron y nuestras caras estaban esbozando felicidad al contemplar las caídas de aguas blancas y turbias, donde el mito del pueblo cuenta que en sus aguas vive una sirena que se le apareció un día a un poblador llamado Gregorio, quien siempre iba a mirar la caída de la catarata, y le ofreció cumplirle un deseo.

Él, asustado e incrédulo, le pidió comida para todos los días de su vida. La sirena le respondió que debía ir por un camino que lo conduciría a una poza llena de peces, en la cual pudo llenar su morral y  partir a casa para entregarle la pesca a su esposa. Lo que jamás imaginó su mujer fue que cuando vació el morral cayó un anillo de oro. La esposa de Gregorio no le dijo nada. Al día siguiente, sucedió lo mismo. El poblador trajo el pescado y nuevamente se lo entregó a su esposa. Vació el morral nuevamente y con ello cayeron miles de joyas preciosas. La mujer se encontraba sorprendida y con muchas preguntas, por lo que decidió seguir a Gregorio a la catarata. La sirena se dio cuenta de la presencia de su esposa, quien se escondía entre la maleza, por lo que decidió tomar a Gregorio y hundirlo en el fondo de la catarata.

Cuando regresamos a la comunidad de Cocachimba, nuestros amigos de la pensión “La Cabaña”  nos habían preparado unos deliciosos potajes típicos del lugar: sopa de plátano y cecina de res.

La tarde se fue poniendo y nosotros, recargados de buena energía, preparamos el equipo para el viaje a Chachapoyas, que duró una hora de Cocachimba hasta Pedro Ruiz en auto y  luego una hora en minivan hasta Chachapoyas.

En la ciudad de Chachapoyas, los viajeros pueden encontrar hospedajes a buen precio. Uno de ellos, ubicado cerca a la plaza, se llama “El Continental”, en el cual pudimos dejar nuestras cosas y caminar por las calles empedradas de estilo colonial.

Regresamos a Chiclayo con la sensación de haber tenido experiencia de viaje invaluable, todos sentimos que nos ha regalado un mensaje de paz interior y junto a la naturaleza.

¿Te gustaría conocer lugares así en las próximas semanas?

Acompáñanos en un nuevo viaje en armonía con la naturaleza y en compañía del equipo LlenkiTrek.

 

Foto: Ricardo Jaime

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