Política

Solo el conocimiento da sentido a la vida

CONCIENCIA CRÍTICA   |   Miguel Ángel Huamán   |   Febrero 14, 2025

La concepción ingenua frente a la telemática y la Inteligencia Artificial, a las que aludimos en la anterior entrega, nos acostumbra a creer que la información representa la realidad por lo que debemos considerarla verdadera. Cuando las personas toman conciencia que algunos informes o datos no coinciden con lo ocurrido, en lugar de desecharlos, por disonancia cognitiva (L. Festinger, 1975), desestiman las críticas como afirmaciones desafortunadas o casos erróneos calificándolos de desinformación. Responden emocionalmente a la tensión o desarmonía interna entre sus creencias y las ideas nuevas por lo que asumen la actitud de rechazarlas o negarlas para mantener el equilibrio emocional interno. En esto radica el secreto de los medios de comunicación que controlan y fundamentan el proyecto en curso de las minorías tecnocráticas que pretenden manipular a la entera humanidad futura. 

Este tipo de juicio o respuesta mental que rechaza lo negativo en defensa de lo oficial refuerza la creencia de que toda la multimedia constituye un mecanismo válido y progresista. Este argumento dominante, denominado “doctrina del contra discurso”, sostiene un manejo político por medio del cual los grupos de poder consiguen apaciguar la indignación de la gente. Esperan que confiemos en el modo veraz como nos proporcionan todos los hechos en su intento de justificar la versión aceptada por la mayoría. Justifican algunos pocos desatinos porque en la medida que la cantidad de conocimientos en el mundo siga en crecimiento podremos esperar que esa avalancha saque de circulación las mentiras y los errores ocasionales para así, en último término, disponer del saber confiable más veraz del mundo. 

Sin embargo, como dice el dicho popular: “en boca del mentiroso, la verdad se hace dudosa”. Al respecto, Yuval Harari en su libro Nexus. Una breve historia de las redes de información desde la Edad de Piedra hasta la IA (2024) discrepa de esta doctrina y se opone con serios argumentos: “La desinformación es una mentira deliberada que se produce cuando se pretende distorsionar conscientemente nuestra visión de la realidad”. Muy diferente de la información errónea que tiene lugar sin mala intención por equivocación o porque entiende mal el asunto. Desde la década del setenta del siglo pasado, numerosos intelectuales de distintas especialidades y de gran prestigio han denunciado el reparto del mundo entre las cúpulas liberales occidentales de un capitalismo global y las castas absolutistas de una economía estatalista. 

La ausencia de interés e indolencia de ambas frente a los demás seres humanos llevó a Noam Chomsky en su libro Quién domina el mundo (2023) a afirmar que su doctrina compartida se sintetiza en la frase “Todo para nosotros y nada para los demás”. Este premonitorio escenario ha sido anticipado por Shoshana Zuboff, socióloga y profesora emérita de Harvard, en su libro La era del capitalismo de la vigilancia. La lucha por un futuro humano frente a las nuevas fronteras del poder (2019) de donde extractamos la siguiente cita que ilustra el problema: “El ámbito de lo digital está conquistando y redefiniendo todo lo que nos es familiar antes incluso de que hayamos tenido ocasión de meditar y decidir al respecto. Hacemos pública exaltación del mundo conectado en red por las múltiples formas en las que enriquece nuestras capacidades y posibilidades, pero ese mundo también ha engendrado territorios completamente nuevos de preocupación, peligro y violencia, al tiempo que se ha ido desvaneciendo toda sensación de que el futuro sea predecible”.

Este nuevo orden económico, surgido con el siglo XXI, reclama para sí la experiencia humana como materia prima gratuita aprovechable para una serie de prácticas comerciales ocultas de extracción, predicción y ventas. Zuboff lo denomina capitalismo de vigilancia, que impone una lógica económica parasitaria. En esta la producción de bienes y servicios se subordina a una nueva arquitectura global al modificar la conducta de las personas para que asuman que viven en el paraíso. El sustento de esta mutación inescrupulosa del capitalismo radica en la “ideología felicista”, estudiada por Franco Berardi en La fábrica de la infelicidad. Nuevas formas de trabajo y movimiento global (2003). La religión del lucro y el culto al dinero ha logrado expropiar a los seres humanos en conjunto su biósfera o hábitat natural y romper con sus raíces hogareñas, para aislarlos en un solipsismo egoísta y enajenante. Todo con el objetivo de instaurar un sistema caracterizado por grandes concentraciones de riqueza, conocimiento y poder que no tiene precedente en la historia humana.

En el orden mundial contemporáneo, las instituciones de los amos detentan un enorme poder, no solo en el ámbito internacional, sino también dentro de sus propios Estados, de los que dependen para conservar el sistema y obtener apoyo económico a través de una gran variedad de medios. Estos acuerdos defienden los intereses de los inversores, calificados como “acuerdos de libre comercio” en la propaganda y en las crónicas. Estos se negocian aparte en secreto, por los cientos de abogados corporativos y grupos de presión que redactan los detalles cruciales. Asistimos a un periodo de confusión, fragmentación y oportunismo que Ludwig Huber denomina Democracia 2.0 El poder político en la era digital (2023) en donde afirma “la digitalización y, en especial, los social media han cambiado drásticamente el ritmo y las dimensiones de la comunicación política”. Es decir, reconstruyen y estructuran nuestra sociedad con nuevas formas de exclusión, que imponen estrictas reglas de admisión a ciertos actores sociales y programan redes sociales para su control.

Debemos comprender cómo el capitalismo global absoluto se ha convertido en un sistema simultáneamente rígido y flexible, represor y resiliente. Este cambio simultáneo de la política y la economía neoliberal responde a la última evolución de la sociedad humana en la historia. Desde hace tres décadas, varios analistas han estudiado y advertido esta transición. Uno de los primeros ha sido el economista Jeremy Rifkin, quien calificó como tercera revolución industrial la adopción de los descubrimientos científicos y técnicos por los gobiernos para disminuir la jornada de trabajo. Este modelo pretende contrarrestar el creciente desempleo y contratar más mano laboral eventual no sindicalizada, así como la eliminación de los trabajadores agremiados por la automatización en servicios y en el sector estatal.  Precursoramente, Rifkin pronosticó en El fin del trabajo (1995), título de uno de sus libros más conocidos, el nacimiento de una nueva era que implicaba un nuevo pacto o contrato social.

Desde inicios de la última década del siglo pasado, las élites empresariales y tecnocráticas imaginaron la economía del futuro más allá de los trabajadores en masa, cuya agrupaciones y reivindicaciones constituían caldo de cultivo para la utopía del surgimiento de un modo de producción mundial planificado, que diera prioridad a la población, la naturaleza y la cooperación solidaria. La intención consistía en disminuir el valor de mercado de la mano de obra, al eliminar gastos en jubilación, salud y mejores condiciones laborales. Ante el crecimiento previsible poblacional futuro, la sustitución de la fuerza de trabajo humano por máquinas aparecía como la solución. Asimismo, dicha medida pretendía simultáneamente desaparecer la conciencia revolucionaria en la clase obrera, que sin autodefinición válida olvidaría la opción por una función social revolucionaria. Simultáneamente a la desaparición del trabajo en términos productivos, el rol de las burocracias estatales seguiría el mismo destino porque las empresas multinacionales asumirían el rol de los organismos del Estado, para ejercer un control sin precedentes sobre el mercado, los trabajadores y los recursos mundiales. Situación confirmada en el presente cuando la mayoría de los consorcios globales tienen activos que superan los PBI (Producto Bruto Internos) de muchas naciones.

Creer que las computadoras “piensan” o que la Inteligencia Artificial es una mente sabia autónoma repite como prejuicio y postura acrítica la idea común de mediados del siglo XX cuando aparecieron las calculadoras científicas. Estas eran llamadas así porque ofrecían funciones trigonométricas y no solo aritméticas y supuestamente sabían más matemáticas de los propios seres humanos. Idea absurda porque ningún ordenador hasta el presente ha ganado un Premio Nobel de ciencia física ni matemática. Solo han sido los seres humanos con pensamiento crítico innovador los que piensan en cualquier campo de la actividad humana. Todos los conocimientos se generan en el hombre sobre la base de su entendimiento, experiencia e imaginación. Gracias a la tecnología de los viajes interestelares tenemos evidencia de que la inteligencia no debe de ser exclusiva de la humanidad. El sentido de la existencia como concepto complejo involucra muchos factores y responde a aspectos emocionales, afectivos e intuitivos.

Las iniciales entusiasta predicciones sobre las consecuencias “revolucionarias” de internet y la tecnología digital “estaban equivocadas porque infirieron el impacto…a partir de su tecnología y no comprendían que la influencia…se filtra a través de estructuras y procesos de la sociedad” (Curran, 2012). La acción de trackers (pillos) debilitan a los Estados y empoderan a los actores que controlan las redes de información institucionales más importantes. Debemos ocupar el espacio virtual de nuestras entidades, organizaciones y universidades para oponernos a la exclusión, e imponer reglas éticas de transparencia, promover la participación de todos los actores y recuperar el conocimiento frente a la improvisación de ideas oscurantistas para evitar el colapso inevitable futuro si no actuamos ahora.

Desde su nacimiento en 1821 el Estado peruano no representaba a todo el Perú como nación. Doscientos años después, la frágil convivencia se ha roto entre cúpulas privilegiadas propietarias, provenientes de la colonia; sectores medios, de la burocracia estatal servil; y la gran mayoritaria de población trabajadora en todo el territorio. La economía global actual en curso de la era digital y telemática amenaza a nuestra subdesarrollada democracia. En 1985 por primera en la historia republicana un presidente recibe el mandato de otro civil. La inviabilidad de la nación se pone en evidencia si consideramos que entre el 2000-2023 se han sucedido onces presidentes. 

Los últimos siete mandatarios juzgados, encarcelados o denunciados por graves delitos de enriquecimiento ilícito y actos corruptos. El Perú demográficamente ha cambiado mucho; de 10 millones en los sesenta, a 17 en los ochenta, a 24 a fines del siglo XX, a 33millones en este 2025 y se proyecta para el 2050 seremos más de 50 millones; es decir, habremos crecido en 100 años cinco veces. Simultánea a esta compulsiva tasa de nacimientos, el doble discurso de la clase política nacional, que apoya en campaña las justas demandas populares y las olvidarla en el ejercicio de gobierno ha sido ejemplo a imitar por un nuevo sector marginal arribista. Gracias al acceso a la información grupos mafiosos han inaugurado un servilismo delictivo que hace de la ignorancia mérito de impunidad. El sistema universitario y la investigación científica han sido desmantelados para ponerlo bajo la tutela de intereses ilegales.

En el Perú y el mundo los social media amenazan el sistema democrático porque bajo su ideología populista y oportunista creen que el poder consiste en acceder a información restringida y que así gozarán de libertad e impunidad. Como ha precisa Yuval Harari en su libro Nexus (2024): ingenuamente confunde datos o resultados con conocimiento y sabiduría. Esta consiste en la capacidad de asumir acuerdos o usar la información para tomar “decisiones correctas”; es decir, en función del valor y la repercusión que tengan. Amparados en la fragmentación y división de los sectores democráticos delincuentes de cuello y corbata han tomado posesión física de los locales de las instituciones universitarias y los organismos de supervisión para imponer de hecho una “contra reforma” educativa” que nos retrotrae al siglo XIX. 

Sin embargo, el fundamento del desarrollo y la educación no radica en la infraestructura física ni en los documentos o resoluciones que puedan emitir, sino en el conocimiento, núcleo esencial que define junto a la energía y la libertad el futuro de la humanidad, En tal sentido, la actual crisis nos demanda la unidad y la reconstrucción de las universidades públicas virtuales en donde como comunidad digital organicemos la resistencia activa, la transparencia de información, planes y propuestas académicas que pongan en evidencia la ilegítima gestión de autoridades írritas camino hacia la recuperación del conocimiento y la sabiduría en la educación superior rumbo a la reconstrucción del país. Asimismo, explicaremos el rol fundamental del humanismo y el pensamiento crítico en la nueva idea sobre la educación que tenemos que construir frente al futuro.

 

Imagen: https://iqna.ir/

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