Blogs

¡Alcalde, Chiclayo huele a...!

  |   Gerardo Carrillo / Chiclayo Paradise   |   Junio 17, 2011


Luego de hacer un recorrido dominguero por varias discotecas de reggaetón duro y adolescentes de cintura filosa, `el Negro´ y yo decidimos mitigar la bajada con una hamburguesa con papa gruesa en el restaurante "Mi tía". Pagamos e inmediatamente fuimos a sentarnos en una banca casi al frente del Club de la Unión; nuestros sánguches se desbordaban de aceituna, huancaína y mucho ají. En unos segundos habíamos devorado gran parte de esas enormidades que antes costaban tan solo un sol.  

–Qué tal bajada â€“suspiró `el Negro´. 

–Una buena ganya –le respondí. 

El parque principal tenía el típico ambiente de un domingo al borde de las once. Las parejitas que se multiplican en la tarde como las palomitas que alimentan, deben volver a sus labores. La noche es para los solitarios, para los turistas sonámbulos, para los locos  â€“que a veces convierten los jardines en cómodas sábanas verdes– y para algunas parejas de amigos que buscan encontrar el sosiego en la contemplación de un sencillo parque provinciano. Esa tranquilidad la empezamos a perder cuando, de un momento a otro, sentimos una de esas ráfagas pestilentes que en las últimas noches alteraban el agradable cariz chiclayano. Olía a Chimbote, es decir, a mierda para cualquiera que no estuviera acostumbrado a tan estremecedor olor. En ese puerto la gente ya estaba adaptada a las fábricas procesadoras de pescado, pero en la tierra del viento no, no, no. 

La gente reclamaba al alcalde, pero finalmente nada hacía. Dos tipos evidentemente agitados salieron de pronto del Club de la Unión. Su paso demoledor proyectaba cuánto ego ardía en sus pechos. Subieron a una camioneta de unos aros impresionantes; el vehículo era insultantemente moderno. Los ojos del copiloto eran como los de un titán violento, el motor rugió en un instante. `El Negro´ y yo contemplamos la escena esperando un accidente, una desgracia, pero algo. Algo peculiar en esta tierra a veces tan común. Era obvio que ese par nos regalaría alguna memorable consecuencia. Y eso lo confirmamos cuando la camioneta partió al estilo rally y dio la vuelta al parque en un santiamén. El gran freno se oyó frente a la puerta principal del municipio. Había pocos testigos en derredor; la policía dormía en su ausencia. Con violencia bajó el copiloto y, con una voz ronca y de matices Johnny Walker, eructó el más íntimo clamor popular: 

¡Alcaaaldeeeee, alcaldeeeeeeeee, Chiclayo huele a zoOoOrraa.. a ZOOORRA!, Â¡Por la puta madre alcaldeee, Chiclayo huele a zoOoOrraa... a ZOOORRA! 

Se escucharon risas en distintas partes del parque. La camioneta rugió otra vez y se marchó como los vientos del ciclón. El parque volvió a su habitual calma, un par de locos acomodaron nuevamente sus cartones para dormir. Vi como uno cerraba los ojos, con cierto brillo feliz.

 

Foto: Raffo Rioja

Compartir en

Facebook   Twitter   WhatsApp

377 Vistas    

Comentarios

3 comentarios

Déjanos un comentario

Visita mas contenido

Da clic Aquí para que revise otras publicaciones sobre Blogs