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El amarillo de Van Gogh

  |   Alex Neira / Descargos de conciencia   |   Julio 06, 2012

He estado pensando mucho en los girasoles de Van Gogh. 

Si bien todo empezó por sus intensos amarillos acabé observando sus girasoles otra vez.

Por qué cada ciertas lunas tengo que soñar amarillos hirientes…

Al final sus obras se han deteriorado más que él.

Ese que no logró vender ni un solo cuadro.

Que no tuvo espacio ni conciencia de la amistad o el respeto.

Aquel zafado que nada más tenía capacidad para entregarse a una de nuestras dimensiones.


Observo sus girasoles mutantes y me pregunto cómo…

Por qué no pintar girasoles con pétalos amarillos normales.

En el perímetro exterior, y punto. 

¿Debido a qué además en el centro?

¿A causa de quién o qué concebirlos dementes y como en ascenso?

¿Serán serpientes saliendo del canasto?

Como reproches de un corazón mudo y en sangría por latir.

Únicamente latir.


Habrá siquiera alucinado que sus amarillos acabarían marrones.

Y cuanto más día a día se oscurecen… su legado es de mayor contundencia.

 Cuervos sobre el trigal es del siglo XXV.

En La noche estrellada se entrevé, ya luego de haber visto la pintura en diferentes oportunidades, un sueño olvidado que percibiéndose tan lejano sin más se hace demasiado cercano.

Ahora vuelvo a mirar sus girasoles y recuerdo que la luz del sol es la salvación y la cruz.

Qué misterioso el destino, ya cuando su carne se la comieron gusanos que ahora serán polvo.

Las luces del sol que él quiso tanto retratar son quienes desvanecieron de sus pinturas los mágicos amarillos que plasmó. 


Reducción del cromo por bario y sulfuro en sus mezclas, dirán los de anteojos.

Pigmentos pardos. 

Vaya, vaya: como cicatrices del vivir fueron haciéndose notar, “causando estragos”.

Prometeo del pincel, robó el fuego de los dioses para concedérnoslo.

Y por eso el cruelísimo castigo.

La miseria extrema y la locura.

El marginado atormentado. 

La incomprensión despiadada y la amargura ardiente.


Ansias de matar y la muerte por propia mano.

Agonía…

…infinita.

Por eso ahora habita donde no lo alcanza ni la Gloria. 

Así ya nadie pueda contemplar algunos de sus múltiples amarillos.

Así acaben negros como una noche cerrada o un microorganismo invisible.

Todavía no es moda cortarnos una oreja para ofrecérsela en un paño a esa…

Corona de donde brotan nuestras espinas.

 

Óleo: Detalle de Jarrón con 12 girasoles, Vincent Van Gogh (1888)

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